Los cristianos y la Democracia



por Adriana Fierro

Colaboradores en años anteriores de la Semilla de Trigo

 

Debo confesar que cuando me comunicaron el tema para escribir este artículo, me dio como un escozor por todo el cuerpo que fue creciendo a medida que estuve al tanto de los calurosos debates y las diferentes propuestas y en muchas ocasiones como algunos candidatos, darme por vencida. Pero no. Recordaba que era una oportunidad preciosa para hablar acerca de la esperanza que tenemos en Dios como hijos suyos, la responsabilidad y la verdad de que él es el perfecto gobernador Soberano de todo. Así que concluyendo, ¡acá está! 



No se ustedes, pero cuando pienso como hija de Dios, en el modelo del candidato perfecto para Colombia, se me viene a la cabeza un hombre temeroso de Dios, un ejemplo: Josafat rey de Judá, que aunque no era perfecto, reconoció cuando buscar al Señor y se humilló ante él y llevo a todo el pueblo a buscarlo también, dice la palabra  “Todo Judá, estaba en pie delante de Jehová con sus niños, sus mujeres y sus hijos”  (2 Cro. 20:3,13,18) y me gusta tanto leer niños en esa oración! ¡Eran todos y cada uno los que estaban buscando el rostro del Padre! Guiados por el Rey de Judá, y aun mejor, es la respuesta por parte de Dios: No es vuestra guerra sino la de Dios, paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros, no temáis ni desmayéis… (2 Cro. 20:15-17) esas palabras tranquilizaron mi corazón, me recordó, Dios no necesita ayuda. 

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Claramente uno mira un modelo de persona adulta porque así funciona en nuestro país, es nuestro sistema de gobierno y de la mayoría, pero en las Escrituras tenemos un hermoso modelo de gobierno que enmarcó toda una generación.

 

Josías, un niño de ocho años que hizo lo recto ante los ojos de Jehová, anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda. A los 16 años, Josías comenzó a buscar a Dios, y a los 20 comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, imágenes de dioses paganos, esculturas, derribó, despedazó, desmenuzó toda la idolatría  y corrupción en medio del pueblo, y no por que fuera cosa poca la que tuvo que vivir, este no venía precisamente de un legado recto ni fácil, de hecho su abuelo (Manasés) y su padre (Amón) tuvieron que ver mucho de la corrupción espiritual de Judá. Manasés aunque después se humillo delante del Señor, provocó que el pueblo siguiera sacrificando en lugares altos, y Amón su padre, nunca se humilló ante Dios. Esto muestra cómo un niño que inclina su corazón a buscar al Señor aun siendo muy pequeño o un adulto puede hacer un gran diferencia y es de gran bendición de todo lugar donde se encuentre a pesar de su origen, pues Dios es quien lo sostiene y lo guía.

 

Cuando un hijo de Dios sabe lo que debe hacer, y lo hace, es una herramienta muy útil en las manos del Señor, si es desde una posición con tanta influencia, una bendición, pero no debemos desmeritar lo que un niño puede hacer con su oración y su ejemplo, lo que una ama de casa, sus ancianos, o los que socialmente “no tienen un cargo importante”. Cada hijo de Dios es influyente y puede desde cualquier puesto o lugar clamar al Señor e interceder por la ciudad y su gobierno, de hecho esto es lo que les dice a los Israelitas una vez acabado el gobierno de Josías.  Viene la deportación por mano de Nabucodonosor, algo nada grato, pero Dios le dice a su pueblo: Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz. Jeremías 29:7. Si familias enteras inclinaran su rostro a buscar al Señor, oraran por el gobernante que el Señor permita y procurarán estar en paz, estaríamos cumpliendo con lo que Dios demanda a su pueblo.

 

 

Debemos responsabilizarnos de la tarea que nos toca, dejar de atribuirles la culpa a los políticos quienes evidentemente tienen su parte, y de ella les pedirá cuentas el Señor. Él no se complace en la injusticia; la corrupción no es solo política, hay una corrupción espiritual de la que debemos hacernos cargo, no nos excusemos en ellos para justificar nuestras irreverencias y propias culpas cargando al gobierno del pecado personal, humillémonos delante del Señor y motivemos a nuestros niños a buscar el rostro del Señor también como lo hizo Josafat, pidámosle a Dios que hable a nuestro corazón, sabiendo que debemos pasar por el desierto del arrepentimiento delante de su nombre. Oseas 2:14

 

Informémonos, hagamos el uso del deber que tenemos como ciudadanos, votemos, (que no elijan por usted), y sobre todo OREMOS junto con toda la familia porque el Señor es quien guía e impone la autoridad, Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas.  Rom 13:1. Si, Tenemos y podemos hacer algo, pero no entremos en el juego del miedo politiquero. 

No soy partidaria de la critica ni entrar en polémicas con los otros partidos y menos con los hermanos de la fe, eso conduce solo al desgaste, la inconformidad y división, y aunque no estemos del todo satisfechos con los resultados (que pasará pues no todos están de acuerdo), reposemos y sigamos orando por que el corazón del rey está en las manos del Señor. Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; Él lo dirige donde le place prov. 21:1

 

Este es un buen momento para que nos unamos también en oración como pueblo de Dios, orar por la misericordia y guía del Señor. Él ha prometido escucharnos siempre y cuando le reconozcamos y nos humillemos. Se piensa que no se debe mezclar la política con la iglesia, y no lo veo así. La iglesia no debe ser una sede política humana, pero si debe ser la sede donde clamamos a Dios por los gobernantes. Todo lo que hacemos debemos hacerlo para Dios y no para los hombres, eso incluyen las elecciones. Quizás no tengamos un presidente como el Rey Josafat, menos como Josías, pero nuestro Rey es uno y Soberano, aunque el panorama sea inquietante, nuestro Dios está con sus hijos. Reposemos como el rey David reconociendo el Señorío de Dios, que al final de sus días declaró:

 

Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre. 1 Cro 29:10-13

 

No es nuestra guerra sino la de Dios.

 

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