Paciencia: una cuestión de humildad

Parábola del crecimiento de la semilla

 

Jesús dijo también: «El reino de Dios es como cuando un hombre arroja semilla sobre la tierra: ya sea que él duerma o esté despierto, de día y de noche la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. Y es que la tierra da fruto por sí misma: primero sale una hierba, luego la espiga, y después el grano se llena en la espiga; y cuando el grano madura, enseguida se mete la hoz, porque ya es tiempo de cosechar.»

Marcos 4:26-29 Reina Valera Contemporánea (RVC)

 

 

En la historia de mi vida he visto que las lecciones de Dios muchas veces se enfocan en tratar mi carácter en el área de la paciencia. No sabía esperar y, aún hoy, 24 años después de conocer al Señor, sigo sin aprender algunas partes de la lección. 

 

Esperar para ser sanada, esperar un empleo, esperar para conseguir un título, esperar un esposo, esperar una propuesta, esperar tener lo necesario, esperar un bebé, esperar una casa, esperar SU provisión, esperar la respuesta… Aunque en estas y en muchas otras ocasiones el Señor siempre me respondió y, además, tuve la oportunidad de aprender que Él siempre responde a tiempo, que Él siempre es Bueno en todas Sus respuestas y que Él nunca nos falta. En cada nueva prueba tengo algo más que aprender.  ¡Claro!, mi fe no es la misma de hace 24 años. Él ha hecho Su obra con fidelidad, la semilla ha crecido dentro de mí. Puedo estar confiada en todos los aspectos de mi vida, porque a donde Dios me quiera llevar es el mejor lugar para estar. 

 

En muchos de estos tiempos de aprendizaje me equivoqué, tomé la situación en mis manos, quise ayudar a Dios y agilizar un poco las cosas. Y es que tenemos esa naturaleza de querer todo inmediatamente. Por eso, nos atrae tanto lo mágico, lo que requiere el menor desgaste, “el príncipe azul al rescate”.  Igual que el pueblo judío, que esperaba que el Mesías viniera y los salvara con poder terrenal, con guerras y con ejércitos. Pero el plan de Dios es diferente: “el Reino de Dios es como una pequeña semilla”. 

 

En nuestra vida diaria queremos tomar el lugar de Dios y ni siquiera nos ponemos a pensar en que Dios no nos necesita. Es como si le exigimos a la planta que crezca cuando queremos o como halar de ella para ver si se hace más grande. ¡Es inútil! Como dice en esta parábola: Él planta la semilla, Él la hace crecer, Él la nutre, Él da los frutos y, además, realiza la cosecha. 

 

Un ejemplo excelente de cómo trabaja Dios en nuestra vidas es la planta de bambú japonés: Aunque siembras esta semilla, la abonas y la riegas constantemente, no verás los resultados hasta 7 años después. En el séptimo año y por un corto período de seis semanas la planta de bambú crece más de 30 metros. No es que la planta crezca en solo seis semanas; es que durante los primeros 6 años de vida estuvo desarrollando unas fuertes raíces para sostener su impresionante altura. El Señor trabaja dentro de nosotros preparándonos para el día de la cosecha, para el día de mostrar los frutos, no los nuestros, sino los que Él, los que con amor y gracia ha desarrollado en nosotros, haciéndonos a la imagen de Cristo. Él es fiel en completar Su buena obra.

 

En muchas ocasiones las personas me han dicho: ¡Eres muy valiente! ¡Vivir así es solo para los misioneros! ¡Yo no podría hacerlo!... La verdad, a veces no me alcanzan las palabras para explicar que es DIOS. En realidad no he hecho nada mejor que nadie, no soy más valiente, no tengo un superpoder, y los que me conocen personalmente saben que fallo a menudo… Mis luchas, mis miedos, mis debilidades son vencidas por Cristo. Cuando Dios te pone en la prueba, siempre muestra la salida. No es fe solo para pastores y misioneros; es la Palabra de Dios para todos nosotros en quienes fue plantada la semilla. 

 

No es sólo el discurso vacío que siempre escuchas. Con mucho gozo y emoción puedo decir y dar testimonio, he podido probar en mi propia vida diaria, yo lo he podido ver en el trabajo misionero y en la vida de los que me rodean. Dios cumple todas Sus promesas, Dios nunca falla, siempre es Bueno, siempre lleno de gracia y amor.

 

Nuestra cultura necesitada de soluciones rápidas, triunfos apresurados, el éxito repentino no garantiza el desarrollo de nuestro carácter. Sólo a través del tiempo el Señor trata nuestro corazón con Sus infinitos, misericordiosos y amorosos modos. Nosotros solo debemos tomar Su ejemplo de humildad, solo tenemos que reconocerlo a Él. Nuestro trabajo se convierte en luchar a diario con nuestra mente, aplacando nuestro corazón y aconsejándolo con la verdad  de Su Palabra. Nuestro trabajo es dejar a Dios actuar. Como nos dijo Pablo: Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Cuando más lo necesitamos, Él ya estaba allí esperándonos. 

 

Y ahí, cuando entendemos Quién es El AUTOR, Él nos da de Su poder para imitarlo. Él nos deja participar del crecimiento del “Reino de Dios” siendo sembradores cómo Él, poniendo la semilla de su Palabra en otras vidas.  

 

Mi oración es que durante este nuevo año podamos reconocer al Señor en todos nuestros caminos, y que nuestra vida se pueda parecer a la de Jesús siendo sembradores de Su Palabra, con los ojos puestos en el día de la cosecha. 

 

“No desaproveches el tiempo. El Reino de Dios ya está entre nosotros.

La cosecha no demora”.

 

Carla Alzate

 

Publicista, esposa y madre de 3 hijos.

Misionera llamada a servir en aviación con su familia

www.proyectoalas.wordpress.com