Una semilla con frutos abundantes.


Karen Cruz (Izq.) con Silvie Fush (der.)
Karen Cruz (Izq.) con Silvie Fush (der.)

Escrito por Karen Natalia Cruz

Comunicadora Social Voluntaria

Tómate un momento y piensa en la siguiente pregunta: 

¿Qué se te viene a la mente cuando te dicen la palabra “Niños”?.

 

Mientras lees, quizás hayas recordado a tus hijos e hijas con sus bellas sonrisas, a tus sobrinos y sobrinas con esas estupendas ocurrencias que sólo ellos tienen, una que otra pataleta de tus hermanos menores o primos, incluso alguno de los pequeños del club donde sirves saltando, gritando o dándote un abrazo. 

 

Asimismo mencionamos algunas características de ellos como amor, alegría, energía (en verdad, mucha energía), imaginación, curiosidad, cuidado, protección, y otras más que cada quién añadirá, pero existe una en especial que no acostumbramos a nombrar “Importantes para Dios”.

 

De acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, fueron 26.985 los casos registrados sobre violencia intrafamiliar en Colombia, solo en el año 2015; de estos, 10.435 corresponden a violencia contra niños, niñas y adolescentes. El escenario donde se produjo la mayoría de los casos fue en su propio hogar. 

Y entonces ¿Qué hacer para cambiar la situación de la infancia y adolescencia en nuestro país? Es aquí donde Dios comenzó un plan que año tras año, mediante el servicio y el amor en acción de varias personas, con el ánimo de llevar el evangelio y una esperanza a los niños, se construye.

 

Desde los Alpes Suizos a las Lomas de Soacha.

Muchos de sus amigos la describen como una persona tierna, valiente, algo callada, sencilla pero con un corazón enorme y un llamado especial con los niños. Silvia Fusch o la “Tía Silvi”, fue la mujer utilizada por Dios para colocar la semilla que hoy en día ha dado frutos; una hija de Dios que le dio la vuelta a Suiza en bicicleta en su juventud, pero que por amor al Señor y la misión que Él le había encomendado, dejó su hogar para venir a la capital colombiana.

 

Hace 27 años Silvia llegó a Colombia,  apoyando a su amiga Tomasa Rivas quien inicio  el colegio Maranata, ubicado en la localidad de Usme. Allí  en Bogota ella se desempeñaba en varios  frentes   como realizando club de niños , también apoyó un ministerio que visitaba cárceles de mujeres enseñando y haciendo discipulados,  trabajó con ellas y entabló muchas lindas amistades. 

 

Luego conoció Altos de  Cazuca , Ramjal y 1ª de Mayo, dichos lugares serían los  nuevos punto sde encuentro de clubes  de niños tras las visitas que realizaba Silvia en estos  barrios y la confirmación de Dios a continuar la obra alli.

Junto con el apoyo del programa Hola Junior, se promovió el sostén para la realización de campamentos, incluso surgieron otras iniciativas como el proyecto de las iglesias Aposento Alto llamado “Misión Chocó” donde Silvia participaba con todo  el equipo de evangelización con niños. Después de esta experiencia, invitó a varios de los jóvenes que apoyaron esa misión a un campamento de Club Junior en junio de 1998, como oportunidad de enseñarles lo importante que son los niños para el Reino de Dios.

 

Al cabo de dos años, ya habían tres Clubs Junior: Altos de Cazucá, Ramajal y 1ra de Mayo. Muchas personas fueron movidas por el Espíritu Santo para apoyar estos grupos, aprendiendo al lado de la Tía Silvi sobre la enseñanza en los niños y la manera de organizar y coordinar los campamentos. Fue así como se fueron involucrando más personas con un llamado a servir con la niñez. 

 

Sin embargo, hubo un tiempo donde ella venía orando por la obra en el mundo musulmán. Comenzó la preparación: había que aprender sobre idioma y la cultura. Después de compartir su sentir con los otros, Dios le llevó a un viaje exploratorio el cual se fue tornando frecuente, dando el tiempo para que los jóvenes que le venían apoyando tomaran responsabilidades y  liderazgo. Finalmente, llegó el viaje definitivo en el 2002.

 

Pasos de Fe y siembra en otros campos.

Fue una etapa de aprendizaje para todos los voluntarios, y con la pronta partida de la Tía Silvi, este grupo de jóvenes tenía un reto: continuar la obra. Muchos de ellos lo afrontaron, ya había pasado aproximadamente cuatro años y la mayoría se encontraba terminando la universidad. Fue entonces cuando Dios movió el corazón de manera especial en algunos de ellos, y por fe, una de ellas decidió continuar con el rol que tenía Silvia. Erika Cruz, una joven que culminaba sus estudios en Licenciatura Infantil decidió seguir la voluntad del Señor junto con el equipo de apoyo.

 

A pesar de no tener muchos recursos y pasar por varias pruebas, el Señor proveyó de una manera especial en cada aspecto. En primer lugar, contar con el apoyo de La Semilla de Trigo Internacional en Suiza tras mostrar lo que se venía realizando con el voluntariado, eso implicó algunos ajustes en cuanto a planeación, visión y la necesidad de que Erika tomara la dirección oficial del ministerio en Colombia. Segundo, la aprobación de otras iniciativas que surgieron y permanecen hasta el día de hoy como los Puntos de Red de Berlín, La Cima, Cazucá, Cota y otros puntos activos en ese entonces como Villa Adriana, Kennedy, Creciendo Juntos, Calle 80 y 126. Tercero, el acercamiento con las iglesias locales pensándose como un ministerio pro-eclesial. Cuarto, más propuestas con nuevos voluntarios, campamentos, acuerdos de colaboración, formaciones, apadrinamientos, ferias evangelísticas, entre otros.

 

“Yo en el ministerio pude percibir, de manera concreta, la fidelidad de Dios, la provisión de Dios sobreabundante; el vivir por fe pero una fe viva. Muchos de los sueños que como equipo construimos siempre fueron puestos en oración y era impresionante como Dios respaldaba su obra, Él no escatima nada para su obra” 

Erika Cruz 

 

Mientras eso sucedía en Bogotá, Silvia ya se encontraba sirviendo en Malí, un país ubicado al noroeste del continente africano donde la mayoría de la población practica el Islam. Por temas de seguridad tuvo que salir de ahí y se dirigió a Mauritania (país vecino). Se radicó un tiempo en esta región pero surgió la oportunidad de volver a Malí, a la capital: Bamako. ¿Sabes qué idioma se habla allí? Se habla “Bambara”, a pesar de tener como lengua oficial el Francés, ella aprendió este lenguaje para trabajar mejor con los niños y las mujeres. 

 

18 años brindando Amor en Acción a los niños de Colombia.

Después de coordinar el punto de red de Cazucá con María Angélica Ballén, Diana Rodríguez siguió trabajando dentro del Programa de Campamentos en varias áreas: fundamento bíblico, realización de cartillas y dirección de juegos. Así mismo, Dios continuó abriendo las puertas con los hermanos en Suiza hasta que años más adelante, Diana toma la dirección de Semilla de Trigo – Colombia.

 

Actualmente, son 10 Puntos de Red en Bogotá y sus alrededores donde Dios ha manifestado su amor con los niños mediante la enseñanza del evangelio, la provisión para recursos y actividades, la disposición de los voluntarios, y sobre todo, transformar sus vidas mediante el regalo de la salvación. Poco a poco se han ido fortaleciendo los clubs, incluso uno de los retos para Semilla es extenderse a otra ciudades como ocurrió este año; Santa Marta es el nuevo punto de red fuera de la capital colombiana.

Las escuela deportivas es otro de los proyectos que permiten que los niños, niñas y adolescentes puedan conocer de Cristo y aprovechar el tiempo mediante la actividad física, por ahora se apoyan tres en la ciudad de Bogotá (Cota, Berlín y JJ Vargas), también se quiere fortalecer el programa de Kids Games, que es el espacio para la realización de ferias evangelísticas, en donde se moviliza a las congregaciones a compartir el evangelio en otras zonas; y seguir creciendo en cuanto a Redes, voluntarios y equipo. 

 

“Sería increíble que las personas que vivan en Colombia también puedan aportar a este sueño que es que más niños, niñas y familias puedan ser tocadas por Dios y conocer el evangelio; ser incluidas en una iglesia local. Nuestro ánimo es que muchos corazones en Colombia también se movilicen a avanzar en llevar a otros a Cristo”.

Diana Rodríguez 

 

Son 18 años en los cuales Dios ha impactado la vida de niños, niñas y adolescentes que hicieron parte de alguno de los programas, y que ahora se encuentran sirviendo por amor a Él. Hemos visto como esa semilla plantada años atrás ha dado sus buenos y abundantes frutos; seguimos confiando en la obra que el Señor ha dispuesto para nosotros, y para ti querido lector, porque el Amor en Acción  transforma vidas.


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“Que el Señor los lleve a amar como Dios ama, y a perseverar como Cristo perseveró.”  2 Tes 3:5 (NVI)


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